abril 26 2020 0Comment

Robos, mentiras y trauma infantil

27 abril 2020, El blog de la RED APEGA de profesionales

El psicòleg José Luis Gonzalo Marrodán ens recomana el llibre de Na’ama Yehuda “Comunicar el trauma. Criterios clínicos e intervenciones con niños traumatizados”, editat per Desclée de Brouwer.

“Esta autora, experta en habla y lenguaje, y también en trauma, pone el foco en el análisis del lenguaje del niño para desde ahí ampliarnos la visión y ofrecernos un rico y completo libro sobre las relaciones que existen entre lenguaje, desarrollo cognitivo, apego y experiencias tempranas, especialmente cuando estas han sido adversas o traumáticas.

Na´ama Yehuda explica en el libro cómo cuando un niño sufre disociación no almacena la información ni la organiza en la memoria de una manera coherente y ordenada. Se almacena por fragmentos, y además el normal flujo de la conciencia que da sentido y coherencia al sentido del sí mismo a lo largo del tiempo, se altera severamente. Por ello, no es extraño que las personas con problemas o trastornos disociativos tengan dificultades de diferente magnitud en cuanto a situarse y situar los acontecimientos en el tiempo, con la memoria (para recordar -pueden sufrir amnesia-, organizar la información almacenada y recuperar dicha información) y con la atención. Esta disociación, si ha sido mantenida en el tiempo, va a influir decisivamente en el modo en el que los chicos y chicas percibirán en el futuro los sucesos y los hechos de la realidad.

Además, para más agravamiento y para su desgracia, los niños sufren una serie de afectaciones, como consecuencia del trauma, en cómo procesan a nivel lingüístico y cognitivo. Así Na´ma Yehuda nos dice que “ciertas áreas del vocabulario de los niños traumatizados se ven especialmente afectadas”. También nos dice que la secuencialidad y la causa-efecto son afectadas por el trauma: “suele ser difícil para los niños traumatizados, ya que incluye la identificación del modo en que una cosa lleva a la otra, así como la explicación de la cadena -que el trauma a menudo interrumpe- de eventos-aspectos de la realidad. Los niños traumatizados experimentan dificultades para predecir el final de una historia o las consecuencias de sus acciones o las de otras personas. Puede ofrecer explicaciones muy particulares e inesperadas de los acontecimientos o predicciones de lo que sucederá a continuación”. Finalmente, los niños traumatizados, como ya hemos dicho, tienen problemas con el tiempo. Dice Na´ama: “Si el niño se pierde partes de los eventos porque está fuera de control o se muestra hipervigilante, es difícil que entienda el orden de las cosas. No sólo porque la disociación interrumpe la percepción del “durante” y el “después” sino que los propios recordatorios del trauma hacen que parezca que el trauma se repite”. […] El tiempo del trauma no se mueve en una sola dirección […] las cosas de antes se superponen a las de ahora, haciendo que la temporalidad sea confusa.”

Por todo ello, para los padres que tienen niños que mienten, es muy importante que se pregunten si esto puede ser síntoma de disociación. Porque la manera de entender esto y el cambio de mirada sobre la persona menor de edad, es muy importante. De igual modo, la posición en la que los padres se van a situar es otra: de la rabia que sienten y de ahí a cargar contra el chico, recriminarle, ponerle consecuencias y cuando ya nada funcione, ignorarle y dejarle por imposible, a comprender que no es una cuestión de conducta ni de índole moral sino un síntoma, la punta de un iceberg de un problema psicológico de origen traumático donde se asoma también, la disociación. Un síntoma que refleja el sufrimiento de un menor y que pone encima de la mesa el daño que sufrió por parte de otros adultos que supuestamente, debían de quererle y protegerle. Un síntoma que nos cuesta mucho más (no sólo a los padres, también a los profesionales que desconozcan esto, como me pasó a mi al principio, que tratamos de abordar con técnicas de modificación de conducta clásicas, que no funcionaban) aceptar y por eso no le brindamos al chico o chica la ayuda que necesita. Cuando el síntoma refleja ansiedad, depresión… nos ponemos más fácilmente al lado del niño o joven. Pero cuando conlleva este tipo de conductas como mentir, nos resulta muy difícil ponernos en actitud de apoyo porque lo sentimos como una agresión o una falta de límites en relación a la convivencia en el mutuo respeto por parte de la persona menor de edad.“

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