juliol 27 2020 0Comment

Suïcidi i depressió: l’altra “epidèmia” més enllà del coronavirus

rtve noticias, 30 juny 2020

Maria Jesús Álvarez

Lo que estamos viviendo ahora se parece mucho a una catástrofe natural. El confinamiento ha sido como un huracán: mientras está pasando hemos estado unidos, apoyándonos. A esta fase se le llama “Luna de miel”: hemos salido a los balcones, dibujado arcoíris, aplaudido a los sanitarios. Pero ya ha pasado el huracán y nos damos cuenta de que nuestra casa está destrozada, hemos perdido familiares, nos hemos quedado en paro. Ahora es cuando van a aumentar los problemas y patologías psiquiátricas y por tanto los suicidios“.

Quien presenta este escenario es Lucas Giner, psiquiatra y uno de los mayores investigadores del suicidio en España. Por el momento es imposible saber si se están produciendo ahora más suicidios que antes del COVID-19. El INE no publicará los datos hasta dentro de dos años, el tiempo que tarda en recopilar las muertes confirmadas por esta causa, que le llegan de los institutos de medicina legal de todo el país.

Hay pocas certezas, pero las que tenemos por ahora vendrían a confirmar esta hipótesis. En Andalucía, la comunidad más poblada, el consumo de antidepresivos aumentó más de un 10% el pasado mes de marzo, y un 9% el de ansiolíticos (el estado de alarma se inició el 14 de marzo).

En el Teléfono de la Esperanza aseguran que nunca en sus 50 años de historia habían recibido tantas llamadas. “Más ahora que en el confinamiento”, nos cuenta Ángel Pérez, uno de sus portavoces. No han aumentado por suerte las llamadas relacionadas con intentos de suicidio, pero sí por crisis ansiosas y estados depresivos: “Un 45% más desde que comenzó el estado de alarma, si lo comparamos con las mismas fechas del año pasado”. 38.400 llamadas. Y siguen en aumento, nos dicen.

Para intentar atender todas las peticiones de ayuda han puesto en marcha un servicio complementario al teléfono: la web compartevida.es. “A través de ella rellenas una serie de datos y un psicólogo clínico te llama lo antes posible. Normalmente da unas dos o tres sesiones. Ha tenido una gran acogida, con más de 1.300 solicitudes”, asegura Pérez.

La salud mental, el “patito feo” de la sanidad pública

La OMS también alertaba en mayo sobre el aumento de problemas de salud mental en todo el mundo derivados de la pandemia. Llamaba a los países a que “aumentaran sustancialmente” sus inversiones en salud mental.

En España han pinchado en hueso. En enero de este año, cuando todos pensábamos que el coronavirus era algo que ocurría en China, el Defensor del Pueblo ya pidió al Gobierno y a las comunidades autónomas que incrementaran esa inversión. La ratio de psicólogos por habitante “apenas ha aumentado en la última década” según su informe. Aunque el panorama varía mucho según cada comunidad, han calculado que en nuestra sanidad pública hay seis psicólogos por cada 100.000 habitantes. Tres veces menos que la media europea.

“Antes del COVID el suicidio ya era un problema en España” nos dice Andoni Anseán, psicólogo y presidente de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. Los datos son tozudos: cada día en España se suicidan 10 personas y se estima que otras 200 lo intentan. Es desde hace años la primera causa de muerte no natural en nuestro país, sus víctimas casi doblan a las de los accidentes de tráfico, según los últimos datos de 2018.

“Y sin embargo los servicios de salud mental siguen siendo el patito feo de la sanidad pública”, continúa Anseán. “Apenas reciben el 5% de la inversión en sanidad a pesar de que tienen un peso cada vez más grande. Se estima que una de cada cuatro consultas al médico de cabecera están relacionadas con la salud mental”. Ante la pregunta de si estamos preparados para un posible aumento de patologías mentales la respuesta es clara: “No lo estamos en absoluto”.

Si dotamos de más medios a la atención primaria los suicidios disminuyen

“Está estudiado en varios países europeos que si dotamos de más medios a la atención primaria los suicidios disminuyen. Los médicos de cabecera son la primera línea en la detección del riesgo”, nos cuenta el psiquiatra e investigador Lucas Giner. “La mayoría de los suicidios están relacionados con patologías psiquiátricas, que no necesariamente son enfermedades mentales graves. Si se trata esa patología en muchos casos desaparece la idea del suicidio. El problema es que no llegan a tener acceso a ese tratamiento. Se estima que la mitad de los que se han suicidado no han llegado a ser diagnosticados”.

“Esperemos que no nos ocurra como con la pandemia y el aumento de problemas mentales que se prevé nos pille con el pie cambiado. Nosotros no necesitamos equipos de protección sino tiempo y recursos humanos“, concluye Giner.

Todos los especialistas consultados para este artículo coinciden en que es imprescindible un plan nacional de prevención del suicidio. Ahora mismo, según la Fundación española para la prevención del suicidio, solo nueve comunidades autónomas tienen planes específicos en este asunto.

Desde el Teléfono de la Esperanza nos advierten de la disparidad de criterios para abordar el problema: “Nosotros participamos en guías, convenios y protocolos que se hacen en Comunidades autónomas e incluso en ayuntamientos, y cada uno actúa de manera diferente. Unos solo contemplan actuaciones sanitarias, otros incluyen guías para periodistas… Hace mucho tiempo que venimos pidiendo un plan a nivel nacional. Es necesario, igual que se ha hecho un plan para los accidentes de tráfico que ha tenido buenos resultados”. Y recuerda: “En España hay 13 veces más suicidios que homicidios. Pero apenas se le presta atención, sigue siendo un tema tabú. Y no se puede hacer prevención de lo que no se habla”.

La epidemia desconocida

Desde la OMS llevan tiempo advirtiendo de que la próxima epidemia, al menos en los países occidentales, no será un virus, sino una enfermedad mental: la depresión. “Y de ella también muere gente. Se llama suicidio”, sentencia Andoni Anseán.

Pero los suicidios son muertes evitables, nos dicen, por eso el impacto en el entorno de los fallecidos es tan devastador. “Se calcula que cada suicidio deja a entre 80 y 100 personas afectadas, con un duelo durísimo, puede que de por vida”, asegura Ángel Pérez, del Teléfono de la Esperanza. “En el entorno de la víctima siempre queda la incógnita de si podía haber hecho algo y el sentimiento de culpa”.

Si nos llegan a la cabeza deseos de morir lo primero que debemos hacer es hablarlo con los familiares, comentarlo con gente cercana, y buscar ayuda profesional. En atención primaria saben cuando tienen que derivar a los especialistas” Asegura el psiquiatra Lucas Giner. Lo mismo que nos dicen desde la Fundación para la Prevención del Suicidio: “Se debe acudir al médico de cabecera, exactamente igual que si tuviese un dolor de espalda o de cabeza. Hay que ir al médico, admitir que se tiene un problema. Y sobre todo pedir ayuda“.”

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